Antes de ir a Costa Rica, había visto muchos anuncios promoviendo el turismo de este país en revistas, periódicos y hasta un cartel enorme en el aeropuerto de Heathrow. Imágenes de naturaleza y animales exóticos acompañadas por el eslogan “Pura Vida” estaban imprimidas en mi cabeza. Es decir, yo tenía muy altas expectativas por este país. Tan pronto como el avión aterrizó en San José se confirmó la verdad detrás de los rumores de Costa Rica; era un país increíblemente bonito.
Después de pasar dos días en un hotel con tema del rodeo, yo tomé el bus dirigido a La Fortuna, una pequeña ciudad en el norte del país. Se encuentra en la provincia de Alajuela, una de las 7 regiones del país. Ubicada 6 kilómetros del volcán arenal, esta ciudad está dominada por el turismo, con muchas tiendas ofreciendo tours de naturaleza o deportes extremos. Sin embargo, cuando buscas más profundo, se revela el encanto de la ciudad.
Yo pasé un mes en La Fortuna, viviendo con una familia muy amable y una amiga mía de Australia. Por eso estoy muy contento porque me ofreció la oportunidad de ver las tradiciones y las costumbres de este país, algo que un hotel no me habría ofrecido. Además, yo ayudaba en una escuela primaria enseñando inglés, así que aprovechamos mucho del sentimiento comunitario. Durante la semana laboral, trabajamos duro en las clases, pero los fines de semana eran nuestras oportunidades para explorar y disfrutar La Fortuna y el área envolvente.
En el centro de la ciudad hay un parque muy precioso con una fuente rodeada por una abundancia de flora y fauna. El parque ofrece una vista a la iglesia católica en primer plano y el volcán al fondo. Por las calles en ambos lados del parque encontrarás una amplia gama de restaurantes y tiendas que venden recuerdos artesanales. Nuestro restaurante favorito era Lava Lounge, ¡gracias a los cócteles baratos!
Con respecto a las actividades ofrecidas por la región de La Fortuna hay muchísimas. Para nombrar algunos hay fuentes termales, equitación, natación en los ríos, y nuestra favorita, una visita a una catarata. Hicimos la caminata de 7 kilómetros a la catarata en un sábado sofocante, pero confía en mí cuando digo que merece la pena. Cuando llegas a la catarata, hay que bajar muchas escaleras y las piernas tiemblan después de haber caminado tanto. Pero la sensación que se siente cuando se vea la catarata enorme no es como nada que yo haya sentido antes. Nadar en la cascada, explorar los estanques cercanos y tomar fotos de la vista en la parte superior. Es realmente inolvidable.
Lo que me gustó mucho sobre este país es como siente tan diferente a cualquier otro lugar que he visitado. La naturaleza es algo muy especial, una abundancia de orquídeas rodeadas por mariposas coloridas y aves extravagantes. Es más, la amabilidad y la simpatía de la gente costarricense es insuperable y no olvidaré nunca la familia que me alojó durante mi mes espectacular en La Fortuna.
